Ella iba al viejo club de Lima del Jirón de La Unión y desde abajo lo llamaba a gritos por su nombre para sacarlo del ajedrez. Por la repetida verguenza del escándalo, el notable ajedrecista limeño terminó abandonando el ajedrez. Años más tarde, la mujer, ya convertida en esposa, fue a buscar desesperada a don Jorge Anselmi Laukin para que animara al ajedrecista a regresar al ajedrez. Raro. ¿Cuál era la razón? El había desarrollado otra afición. "Es un mujeriego", espetó ella.
En una larga conversación con un gran amigo ajedrecista, motivada por la incomprensión de su novia hacia su afición por el ajedrez, nos permitimos hacer un repaso y análisis de las mujeres de los principales ajedrecistas peruanos. Nuestras conclusiones fueron las siguientes:
1. En general, las mujeres se oponen a que sus hombres pierdan tiempo jugando ajedrez.
2. Solamente las mujeres cuyos esposos ganan dinero con el ajedrez, los apoyan.
3. Las mujeres no entienden cómo su enamorado puede preferir un juego a pasar todo el tiempo libre con ellas.
4. Algunas mujeres se interesan en el ajedrez pero como una manera de mantenerse unidas al hombre que les gusta.
5. Las mujeres que acompañan a los ajedrecistas a las salas de torneos son poquísimas.
6. Algunas mujeres consideran enemigos a aquellos ajedrecistas que vienen a la casa a perturbar al esposo.
Voy a contar suscintamente algunas cosas que me han pasado o visto:
a) Una vez me espantaron a viva voz cuando fui a casa de un ajedrecista campeón a hacerle un reportaje para el periódico con el fin de presionar al Seguro a que saliera su pensión. En efecto, salió la pensión, pero la mujer nunca se excusó conmigo.
b) Me abstuve de volver a visitar a un ajedrecista notable porque su mujer ponía cara de pocos amigos cuando los ajedrecistas lo visitaban. Ahora la mujer ya no está, pero tampoco ya nadie visita al Maestro.
c) Una novia apuraba a un campeón a terminar rápido sus partidas del Nacional. Naturalmente, jugó desastroso y no retuvo el título. Al cabo de muchos años -ya casados ellos- me contaron que el futuro suegro "le daba permiso a ella sólo hasta las 10 de la noche".
En conclusión, las mujeres nos protegen de no meternos demasiado en un juego que nos puede hacer perder la cabeza.
MN Pedro