En particular, quizás a que cada vez más gente juega ajedrez competitivo en el mundo, los títulos que da la FIDE han empezado a perder la respetabilidad que solían tener. Por ejemplo, en 1972 había solamente 88 GM, con 33 representando a la entonces Unión Soviética. En Julio del 2005, la lista tenía prácticamente más de 900 grandes maestros. Este enorme incremento se debe, probablemente, a que los
ratings (la puntuación que tienen los jugadores en competencias), ha tenido un incremento inflacionario y entonces, los méritos necesarios para llegar al máximo título de la Federación se han hecho mucho más fáciles de conseguir.
Los
ratings, por ejemplo, se han inflado alrededor de los 10 a 15 años pasados, por alrededor de 100 puntos. Por ejemplo, el GM Nigel Short estaba
ranqueado como el tercer jugador del mundo en 1989, con un
rating de 2650 puntos. Después del 2000, con esa puntuación, Short apenas estaría entre los lugares 50 y 60 del mundo. Un tercer lugar mundial equivaldría a 2750 puntos, por lo menos.
Otros efectos de esta problemática es que la propia FIDE ha bajado los requerimientos para lograr el título de GM. Por ejemplo, antes, en un torneo de doce jugadores, en donde todos jugaran contra todos (
round robin), solamente unos pocos podían lograr –en puntos– el porcentaje que la Federación pedía, de acuerdo con la fuerza del torneo. Hoy se puede hacer una norma de GM (es decir, parte del título), si el jugador logra la puntuación exigida en las primeras nueve partidas, aunque después, en promedio, no logre el resultado exigido. Así, las cosas se han puesto un “pelín” más fácil.
Desde luego que aun así, ser GM no es un asunto simple ni sencillo. Se necesita ser un fuerte jugador y luchar algunos años para lograr los resultados necesarios para que se le otorgue un pergamino de esa magnitud. De hecho, se dice que un maestro de ajedrez es el 2% de los jugadores que están en la parte alta de la tabla de los torneos. Un GM está en el .02%. Como puede verse, aún este título está lejos de ser accedido por cualquiera. Se dice, no obstante, que hay que buscar que el título de GM recupere su nivel de excelencia. Alguien ha sugerido que dicho título sólo se confiera a los campeones del mundo o a aquellos que hayan luchado por el título mundial.
El exsubcampeón del mundo, Nigel Short ha dicho que los títulos deberían abolirse, porque, de hecho, ya no sirven para distinguir entre un jugador candidato a campeón mundial y alguien que no tiene oportunidad alguna de luchar por el título mundial. Short ha dicho: “simplemente deshagámonos de los estúpidos títulos”.
Debido a esta inflación, a los grandes maestros en el tope del
rating mundial se les llama, informalmente, “súper grandes maestros”. El término no es oficial, desde luego, y no está claro cómo se define un jugador de ese supuesto nivel. Esto es algo así como decirle a una modelo famosa “top-model” y a otra “súper top-model”. Difícil saber la diferencia entre ambas ¿o no? Tal vez habría que hacer como lo que pasa en otros deportes, como el tenis, en donde no existen este tipo de títulos. Más bien hay una lista oficial con el
ranking de los jugadores y así se sabe quién es el mejor y quiénes le siguen.
Regresando al ajedrez, hay quienes han dicho que todo aquel que supere los 2700 puntos de
rating merece ese título. La realidad es que a pesar de lo que este pergamino representa, al GM Short no le falta razón al respecto del valor que los títulos han perdido. Difícil saber cuál es una mejor propuesta. ¿Usted qué opina?