¿PARA QUÉ SIRVE EL AJEDREZ?Hace un par de años los graduandos de la Maestría de Docencia en la USMP discutimos con nuestro profesor de Filosofía, el Dr. Eulogio Zamalloa, cuál era el objetivo de la educación. Habíamos leído un artículo polémico del filósofo analítico Stanley Peters. Éste, luego de un largo debate, había concluido que la educación es un fin en sí mismo.
En nuestra discusión de aula llegamos a la conclusión de que escuchar a Wolfgang Amadeus Mozart no tenía otro objetivo que gozar de la música; ver a la Mona Lisa en el Museo del Prado no tenía otro fin que disfrutar de la pintura; apreciar un iglesia Le Corbusier no tenía otra finalidad que obtener el placer de la arquitectura. Establecimos con el profesor que el deporte no se ha hecho para combatir las drogas. "¿Esa no es su finalidad, no?", exclamó. El deporte no es sirviente de la salud.
En otro curso, le preguntamos al Dr. Iván Rodríguez, rector de la Universidad Ricardo Palma y Presidente de la Asamblea de Rectores, ¿cuál es el objetivo de la educación? No señaló que fuera el trabajo ni otro valor utilitarista, no. Dijo enfático que la educación tenía por finalidad la formación integral del hombre.
Se entiende que el ajedrez es deporte; y éste, cultura. Una vez Juan Pablo II destacó cuál era el papel del deporte en la sociedad. (Por cierto, Karol Wojtyla jugaba ajedrez. Algunas partidas suyas, de buena calidad, fueron publicadas por Marco Martos hace años en el suplemento periodístico "El caballo rojo"). El Papa polaco mostró el mayor entusiasmo y sentenció "El deporte es un instrumento de desarrollo humano".
EL PLACER DEL JUEGO CIENCIA
El ajedrez no busca fines exteriores a él. No pretende formar alumnos más inteligentes, alejar a los jóvenes de los vicios, etc. Quien haya reproducido "La siempre viva" o "La inmortal" de Anderssen, sabrá del goce estético y punto.
Epicuro en la antigua Grecia enseñaba que el placer es el fin supremo del hombre, y que todos nuestros esfuerzos deben tender a conseguirlo. El filósofo fue mal entendido y hasta se atrevieron a llamarlo "cerdo filósofo". "Sin embargo, el placer no consistía en los goces materiales de los sentidos, sino en el cultivo del espíritu y la práctica de la virtud" (Diccionario Larousse).
Concluyo estas reflexiones señalando que el ajedrez no sirve a algo exterior a él. Tiene un objetivo en sí mismo que es simple y llanamente el placer de jugar, el goce de reproducir partidas y el disfrute de analizar posiciones.