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Razvan Gabriel Iagar: matemáticas y ajedrez
El robot jugando al ajedrez en la feria ‘Computex’ en Taipei.

Razvan Gabriel Iagar: matemáticas y ajedrez

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La editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Los libros de la Catarata presentaron el pasado 1 de junio, en el marco de la Feria del Libro de Madrid, entre sus novedades editoriales, el libro ‘Matemáticas y ajedrez’ dentro de la colección ‘¿Qué sabemos de?’ Su autor, el matemático y ajedrecista rumano, Razvan Gabriel Iagar, explica la influencia de la disciplina científica en la evolución de este más que milenario juego.

Iagar es doctor en Matemáticas por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) tras haberse licenciado en Bucarest, ha recibido el premio Georghe Lazar de la Academia Rumana, y ofreció el pasado abril una conferencia sobre ajedrez y matemáticas en el Instituto Cervantes de Estocolmo.

El libro es para los ya iniciados bien en las matemáticas o en el ajedrez, si le gustan las dos disciplinas, un consejo: cómprelo. Otra cuestión es si solo le interesa una de ellas. El autor confiesa tanto en la introducción como en sus consideraciones finales que se trata de una obra para profundizar conocimientos y que, en ningún caso, el avance tecnológico acabará con el ajedrez porque no existe, ni podrá existir el ‘juego perfecto’ de inicio a fin de partida. “Las matemáticas y el ajedrez son dos caras de la inteligencia y la creatividad humana”, sostiene Iagar.

La obra cuenta con cinco capítulos y diré sinceramente que a duras penas pude leer del capítulo segundo al cuarto, cuando se habla de algoritmos, poda alfa – beta y demás términos científico -matemáticos me pierdo a pesar de los intentos del autor y los ejemplos con cuadros adjuntos. Confieso que soy un negado para las matemáticas y siempre recordaré cuando lo pasaba mal en los estudios y esa gran verdad que decía un profesor: “yo no suspendo a nadie, bastantes suspensos da ya la vida”.

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Sé de la importancia de las matemáticas y sus conexiones con el más que milenario juego que, además, han sido muy estudiadas, en especial durante las últimas décadas, como en el caso que nos ocupa. Sin embargo, todos coincidiremos que no por saber matemáticas eres mejor jugador ni por conocer las reglas del juego y practicarlas vas a aprobar las matemáticas, ayuda, sin duda, pero no es determinante.

Uno de los capítulos, el quinto, recoge a los matemáticos y ajedrecistas destacados, entre ellos nada menos que a cuatro campeones del mundo que compartieron ambas disciplinas, se trata de Adolf Anderssen (1818-1879), -siempre recordado por sus partidas, la inmortal y la siempreviva- Enmanuel Lasker (1868-1941), Max Euwe (1901-1981) –quien fue presidente de la federación internacional, FIDE- y Mijail Botvínnik (1911-1995).

Además, lo complementa con otros ajedrecistas y matemáticos como Gedeon Barcza (1911-1986) y entre los actuales cita a John NunnAndrew Jonathan MestelKarsten MullerColin Anderson McNabThomas Ernst y Jonathan Speelman.

En cuanto a la teoría que defiende a lo largo de sus páginas, la comparto plenamente, a pesar de existir computadoras por encima de los mejores jugadores con una capacidad Elo de más de 3000 -recordemos que el máximo humano lo ostenta el actual campeón Magnus Carlsen con 2882- el juego perfecto no existe ni podrá existir en el futuro.

A pesar que hace ya dos décadas de la victoria de la máquina Deep Blue sobre el entonces campeón Gari Kasparov, lo cierto es que se siguen disputando partidas y el avance tecnológico ha tenido también sus aspectos positivos como menciona el autor al incrementar todos los niveles, desde el aficionado hasta el profesional.

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Autómatas y ajedrez

Iagar dedica unas páginas, de la 32 a la 34, a la historia de los autómatas. Esto enlaza con una muy reciente noticia actual, pero antes se pueden ver los históricos antecedentes que cita. La máquina que jugaba al ajedrez más conocida es la de Wolfang Von Kempelen (1734-1804) que tanta literatura ha desarrollado, denominada ‘El Turco’ que creó en 1769 y presentó a la emperatriz María Teresa de Austria al año siguiente, además de jugar con Benjamín Franklin (1706-1790) y el propio Napoleón(1769-1821) quien, como se sabe, lo puso a prueba con una jugada ilegal por lo que el autómata derribó todas las piezas.

Jamás jugó contra el rey de Prusia Federico el Grande (1712-1786) ni contra la emperatriz Catalina II de Rusia (1729-1796) a pesar de lo escrito al respecto.

Tras varios recorridos y dueños –Johann Maezel (1772-1838) y John K. Mitchel (1798-1858)- fue a parar al Museo Peale, conocido como el Museo chino de Filadelfia, en Estados Unidos, donde tras 85 años de vida, en 1854, fue destruido por un voraz incendio. Lo cierto es que todavía se discute si tenía o no intervención humana y cuál era. Hoy hay réplicas en algunos lugares como México.

Otro autómata tiene sello español, se llamaba ‘El ajedrecista’ y fue construido en 1912 por Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) si bien no tuvo el éxito de El Turco ya que era un mecanismo simple utilizando electroimanes, aunque algunos lo consideran el primer juego por ordenador de la historia. En 1924 creó un segundo autómata ajedrecista.

Computex

Ahora enlazamos con una noticia actual, hace escasos días en la mayor feria de tecnología de Asia, Computex, celebrada en Taipei, Taiwan, se ha conocido un auténtico robot de ajedrez. “Puede reconocer la forma de un pequeño peón, ejecutar movimientos e interactuar con su oponente”, señalan desde el Instituto de Investigación de Tecnología Industrial (ITRI) que construyó el robot a un tamaño natural.

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A pesar de estos avances tecnológicos y de los robots que juegan, el futuro está más que garantizado en todo el mundo, recientes estudios señalan que actualmente hay más de 600 millones de personas en el mundo que juegan al ajedrez y se prevé que en cinco años alcancen más de mil millones, lo que supondrá que uno de cada ocho habitantes del planeta tierra moverá los trebejos del más que milenario juego.

Finalmente indicarle al autor que su libro se puede definir de muchas maneras, pero creo, modestamente, que se equivoca sobremanera cuando al final lo califica de “divertido”. A lo mejor alguno de sus colegas investigadores opina así, pero créame, al común de los mortales tras su lectura no le parecerá nada adecuado ese calificativo, para divertirme, la verdad, prefiero echar una partida de ajedrez.

  • Matemáticas y ajedrez. Razvan Iagar
    Colección ‘¿Qué sabemos de?’
    Introducción, cinco capítulos, Consideraciones finales y Bibliografía
    Editorial Catarata, mayo de 2017.
    126 páginas, 12.00 euros.

Fuente: periodistas

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