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Pablo Zarnicki: A 25 años de un histórico título mundial

El gran maestro Pablo Zarnicki, hoy, a 25 años del título mundial juvenil de ajedrez.

Hoy se cumple un cuarto de siglo de la consagración de Pablo Zarnicki como campeón mundial juvenil de ajedrez. La historia de un gran maestro argentino apasionado por los trebejos.

Se había preparado durante horas para la partida final ante el serbio Miroslav Markovic. Ya no había vuelta atrás. Pero necesitaba descargar energías y encontrar la tranquilidad necesaria para dar el último pasito. Bajó del departamento de Almagro en el que vivía con sus padres y se dirigió a un local nuevo en la cuadra. Había dos flippers. Uno era el de “Terminator”. Compró fichas y le dio sin parar. Mientras evitaba que la pelotita plateada se le fuera por el centro, repasó la estrategia para la partida del día siguiente en el salón Leopoldo Marechal del Ministerio de Educación. “Hasta la vista, baby”, lo despidió el juego. Y al otro día, el 30 de octubre de 1992, Pablo Zarnicki ganó, mantuvo su invicto y se coronó campeón mundial juvenil de ajedrez. Dicen que 25 años no es nada…

“Sabía que estaba la posibilidad de ganar, pero recién lo pensé seriamente cuando faltaban dos o tres fechas. Yo siempre era bastante frío a la hora de las partidas. La presión siempre me ayudó. Cada vez que jugaba decisivas partidas, me iba mejor. Eso es clave para cualquier deportista y eso me vino bien en la última partida ante el número uno del torneo”, recuerda a los 44 años el gran maestro que hace un cuarto de siglo tenía 19 y sumó 10 puntos sobre 13 posibles, con 7 victorias y seis tablas.

La tapa de «Clarín» con el título mundial juvenil de Pablo Zarnicki en ajedrez. 2 de 9

“Era el quinto preclasificado y recuerdo que me mantuve siempre entre el primer y el segundo puestos y que le gané a Vadim Milov por sistema de desempate -desgrana-. En la mitad del torneo, “El Viejo “(Miguel Najdorf, claro) se enojó conmigo porque me quedé jugando hasta las 7 un torneo “ping-pong” en el Club Argentino. Lo hice porque vino Garry Kasparov y jamás pensé que volvería a jugar contra él. Y encima le gané, je. Además, el momento clave y que me dio el empujón decisivo fue el triunfo ante Huguito (Spangenberg), con quien había una rivalidad generacional que el público disfrutaba como un Boca-River. Bueno, de hecho yo soy de Boca y él, de River”.

Pablo Zarnicki se coronó campeón mundial juvenil de ajedrez en 1992, al vencer en la última partida al serbio Miroslav Markovic.

-¿Quién eras antes de ser campeón mundial y en qué te convertiste?

-Era un jugador joven que se había abrazado al ajedrez a los 5 años y que tenía bastante experiencia. Apenas terminé el secundario en el Nicolás Avellaneda, donde salimos campeones intercolegiales con un equipo en el que estaban Alejo De Dovitiis y los hermanos cineastas Bruno y Matías Stagnaro, me fui siete meses a España a estudiar para el Mundial. Eso cambió mi carrera. Pero, claro, la exposición que tuve como campeón mundial me permitió conseguir el apoyo necesario para dedicarme de lleno al ajedrez.

-¿Rompiste el molde?

-Mi victoria tuvo una repercusión mediática muy grande porque se jugaba en Argentina, por mi estilo y también por mi look, que rompía con los estereotipos del ajedrecista típico. Si hasta me pedían autógrafos en la calle… Sin el fenómeno del Mundial Juvenil de 1992 no se hubieran dado los títulos mundiales por equipos Sub 26 de 1993 y de 1997.

«Viaje a través del tablero», la autobiografía de Pablo Zarnicki.

Zarnicki volcó su experiencia en el libro autobiográfico “Viaje a través del tablero”, cuyo prólogo escribió el ex campeón mundial juvenil y absoluto Anatoli Karpov (“Tardé cuatro charlas telefónicas para convencerlo”), lo que muestra por qué está por terminar de cursar Periodismo en TEA y por qué fue columnista de Clarín. Es uno de los tres campeones mundiales Sub 20 argentinos, junto a Oscar Panno (1953) y Carlos Bielicki (1959), al tiempo que Marcelo Tempone lo fue en cadetes (Sub 17) en 1979 y Alan Pichot, entres los Sub 16, en 2014.

Pablo Zarnicki junto al ruso Anatoli Karpov.

“Viéndolo en retrospectiva, ese título significó entrar en la historia y tener un lugar entre los campeones mundiales de la FIDE –analiza-. Siento mucho orgullo. ¿Me hubiera gustado ser mejor jugador? Sí. ¿Hice todo lo posible para serlo? No, porque opté por mi familia y no me arrepiento. Aunque es contrafáctico preguntarme cómo me habría ido si me hubiera ido a vivir a otro lado, que era la única manera de seguir mejorando. Pero yo estaba de novio, con planes de casarme y hoy tengo dos hijas de 14 (Sol) y 17 años (Micaela). Aquel título me dio chapa, nombre, conocimiento ante la prensa y me abrió un mundo en la política, que me gusta mucho”.

Entre 1995 y 1996 estuvo a cargo de la Dirección de la Juventud del Gobierno porteño y entre 1996 y 1999 fue asesor de Hugo Porta en la Secretaría de Deportes de la Nación. Desde fines del año pasado coordina el Plan Nacional de Ajedrez del Ministerio de Educación. “Llevamos el ajedrez a todas las provincias sin fines políticos y capacitamos docentes. Ahora se juega al ajedrez en más escuelas y hay un entusiasmo enorme. Ojalá que se den las condiciones para seguir con este proyecto”, se esperanza.

Pablo Zarnicki, en 1994.

-¿Qué les aporta el ajedrez a los pibes?

-Es una herramienta más para la inclusión social, porque en un tablero pueden jugar un chico de un barrio pobre contra otro de un barrio rico y el ajedrez los empareja mucho. Funciona como igualador social, como el guardapolvo blanco. En un torneo les dije a los chicos que el ajedrez es el camino a la libertad. En la escuela hay un modelo de imposición para aprender lo que está estipulado, pero el ajedrez enseña a pensar por tu cuenta y no lo que nos dicen. Además de favorecer la concentración y ayudar a aprender a ganar, a perder y a ser previsor, el ajedrez te da una independencia de pensamiento que puede llevarte a ser libre o escavo de la sociedad en la que vivimos.

-Esta teoría la podés enunciar gracias al paso de los años, pero en tu infancia o adolescencia, ¿qué te atrapó del ajedrez?

-Soy muy competitivo desde que nací y ganarle a compañeros de colegio me motivó mucho. El ajedrez es totalmente atrapante y es un viaje de ida. A través del tablero, te podés expresar, como supongo que les pasa a los pintores con las telas. Si sos tímido, en el tablero podés no serlo. Es una magia que se descubre jugando a través de las piezas.

-¿Trabajaste desde lo mental para no creértela por haber sido campeón mundial juvenil?

-No me la creí nunca. Nací con cierto talento para jugar, pero me mataba estudiando e iba a los torneos con la confianza natural de ser el favorito en la mayoría de los casos. Jugar al ajedrez fue y es un placer. Mi carrera simplemente fue buena, porque jugar bien al ajedrez está reservado para cinco tipos en el mundo. Kasparov y Karpov marcaron una época. Hoy en mi podio están Carlsen, Caruana, Nakamura, Giri y Aronian. Esos juegan bien; los demás no jugamos bien sino como podemos.

El tiempo, maldita daga, lo hizo tomar la decisión de un retiro que no fue traumático sino “paulatino y tranqui”, como lo define. “El ajedrez me dio la posibilidad de conocer al menos 35 países, pero mis hijas nacieron en 2000 y en 2003 y cuando comencé a sentir que no iba poder hacer lo mejor, me pareció que había cumplido una etapa –relata sin nostalgia por el pasado-. Venía jugando muy poco desde 2007 y me retiré en 2010, más allá de que este año gané el Magistral blitz de la YMCA (partidas de 3 minutos, más dos segundos por jugada)”.

Pablo Zarnicki ganó este año el Magistral de la YMCA de partidas rápidas.

Y así, poco a poco, sin dejar de jugar por diversión por Internet, se apagó el Zarnicki de alto rendimiento. “Con el ajedrez viví la etapa más larga y más linda de mi vida. No encuentro que venga algo así en lo que me queda. Es inexplicable lo que respeto al ajedrez. Cuando sentí que no estaba listo para dar lo que podía, dejé. Seguir hubiera sido una falta de respeto”, sintetiza.

Y deja un monólogo imperdible para el final, que lo define de pies a cabeza: “Soy un apasionado de los apasionados. Somos los que más sufrimos, pero también disfrutamos del paso por la vida, que es corto. Si no te apasiona nada, estás medio muerto. A mis hijas les digo que se copen con algo, que investiguen lo que les gusta, porque veo mucha gente pasar por el mundo sin pena ni gloria. Yo prefiero ser un poco más sensible y pasarla mal a veces, pero tener pasión«.

Pablo Zarnicki, con Oscar Panno viéndolo jugar.

“El ajedrez argentino retrocedió”

En las cinco Olimpíadas que disputó, Pablo Zarnicki jugó 54 partidas, con 24 victorias, 25 tablas y apenas cinco derrotas. Su efectividad del 67,6 por ciento es una de las más altas de la historia argentina en esa tradicional competencia por equipos. Y su punto más encumbrado fue la medalla de plata conquistada por su actuación en el cuarto tablero de Moscú 1994, cuando terminó invicto, con 10,5 puntos sobre 13 posibles. “Sin embargo, nunca pude ser campeón argentino”, remarca con justeza el gran maestro sobre esa paradoja.

Palabra autorizada para hablar del ajedrez nacional, charla con Clarín sobre la época dorada en la que Argentina ganó tres medallas de plata y dos de bronce en las Olimpíadas, entre 1950 y 1962, sobre el reverdecer en los 90 y sobre la actualidad. Y no se calla.

“La época de Najdorf no se puede comparar con nada porque era otro mundo y jugaban menos equipos en las Olimpíadas –explica-. En Ereván 1996 quedamos en el top 15, una posición que hasta ahora no se pudo igualar. El panorama actual se complicó mucho y es muy difícil que un equipo argentino, por más bueno que sea, pueda llegar tan arriba. Aunque se puede llegar a dar si en las dos rondas finales se consiguen buenos resultados”.

-¿Cómo evaluás el equipo olímpico del presente, con Sandro Mareco, Federico Pérez Ponsa y Alan Pichot, la vigencia de Diego Flores y la pelea que darán Fernando Peralta y Leandro Krysa por estar en Batumi 2018?

-Es un equipo muy fuerte, pero no sé si más fuerte que el de nuestra mejor época. Me parece que el ajedrez argentino está en retroceso. Si en nuestra época hubiéramos jugado un match a 30 tableros con el Resto del Mundo, nos habría ido mucho mejor que ahora. Hoy, sacando el equipo olímpico y dos o tres chicos más, el ajedrez argentino va para atrás. Retrocedió desde los 90, cuando había sido una explosión con el apoyo de empresas, incluyendo Clarín.

-¿Qué habría que hacer para mejorar a la elite?

-La inyección que significó el avance de la computadora para el estudio les hace muy bien a los chicos que terminan jugando mejor, pero por otro lado algunos de ellos no saben aprovechar las oportunidades que tienen. No lo viven como lo vivimos nosotros. Algunos son más profesionales; otros, menos. Yo no pude tener entrenadores a su edad y ellos, que tienen la posibilidad, casi no lo hacen o lo hacen poco.

Los extraños de pelo largo: los grandes maestros Pablo Zarnicki y Vladimir Kramnik, en su juventud.

La enfermedad y el póker

Turín 2006 fue inolvidable para Pablo Zarnicki, porque fue su última Olimpíada y porque vivía una durísima enfermedad. “Estaba medio alejado de la actividad, pero me llamaron porque me había clasificado por ranking –recuerda-. Me criticaron porque estaba retirado, pero el reglamento me avalaba y la Olimpíada es el torneo que a todos nos gusta jugar. Fui y jugué medicado”.

-¿Qué pasó?

-Rubén Felgaer se volvió en la mitad del torneo porque no se sentía bien y nadie sabía que yo estaba sufriendo una neuropatía trigeminal, uno de los dolores más fuertes que existen. Lo sufría en la cara. Había pensado si viajar a competir o no, pero no encontraba manera de rechazar jugar una Olimpiada. Una psiquiatra me ayudaba a convivir con el dolor del que tardé cinco años en curarme y recuperarme, con depresión incluida. Jugaba las partidas tomando un montón de falopa, en el buen sentido. Y me fue bien (hizo 6 puntos sobre 9 posibles). El ajedrez es todo.

En esa época se lanzó al póker y entonces se tejieron varios mitos alrededor de esa decisión. “No dejé el ajedrez por el póker. Esa es una estupidez que inventaron los dirigentes que estaban en ese momento. Yo dejé el ajedrez porque estaba podrido del ambiente, de los dirigentes y de lo mal que hacían todo”, argumenta.

“El póker es un juego de estrategia. Yo nunca fui un apostador, aunque no estoy en contra. Estuve en cuatro Mundiales en Las Vegas y nunca jugué en el casino –sintetiza-. Pasa que se decía cualquier cosa. Un día me preguntaron si me había dado un ACV porque me había jugado mi casa en una mano. Insólito”.

Fuente: clarin

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